En Países Bajos inventaron las “cajas lentas”: un lugar donde pagar no apura y alguien te escucha

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Mientras el mundo avanza a toda velocidad hacia el autoservicio, el autopago y la menor interacción humana posible, una cadena de supermercados en Países Bajos decidió ir a contramano del progreso. Literalmente. En lugar de sumar más cajas rápidas, puso cajas lentas. Y no por ineficiencia, sino por humanidad.

La iniciativa es de Jumbo, una cadena de supermercados de Países Bajos (sin relación con la chilena del mismo nombre), que instaló las llamadas Kletskassa —algo así como “cajas charlatanas”— en más de 200 locales. El objetivo no es optimizar tiempos ni reducir filas, sino algo bastante más subversivo: que los clientes que están solos tengan con quién hablar.

En una época donde comprar implica escanear productos, pagar sin mirar a nadie y salir rápido, Jumbo decidió que algunas personas —especialmente adultos mayores— no necesitan velocidad sino compañía. En estas cajas no hay apuro: el cajero conversa, escucha y acompaña el momento de la compra como si fuera, también, un pequeño acto social.

La idea se volvió viral luego de que el usuario de Twitter Drik Janssen compartiera la propuesta, destacando que estaba pensada “para personas que disfrutan conversar, ayudando especialmente a personas mayores a lidiar con la soledad”. En pocas horas, el tuit acumuló millones de visualizaciones, miles de retuits y una catarata de comentarios celebratorios.

“Desacelerar la vida y acercarla a los tiempos naturales es uno de los grandes cambios que debe hacer esta civilización”, escribió un usuario. Otro apuntó directamente a la salud mental: “Es una responsabilidad de la sociedad velar por los adultos mayores”.

Desde la empresa, la explicación fue igual de simple que la iniciativa. La directora de comunicaciones de Jumbo, Colette Cloosterman-Van Eerd, explicó que el objetivo principal de las cajas lentas es combatir la soledad. “Muchas personas, especialmente mayores, pueden sentirse solas. Como empresa familiar, creemos que los supermercados también son lugares de encuentro”, señaló.

Como si eso fuera poco, Jumbo también habilitó espacios dentro de sus locales para tomar café y conversar, reafirmando una idea que en otros países suena casi revolucionaria: el supermercado no solo vende productos, también puede ofrecer tiempo.

En un mundo obsesionado con llegar rápido, Países Bajos propone algo radical: llegar acompañado.