Entre vuelos en gravedad cero, experimentos caseros y un entrenamiento que parece sacado de una película, la argentina Noel de Castro está trazando un camino que podría convertirla en la primera astronauta del país. Desde Estados Unidos, donde forma parte del programa internacional Project PoSSUM —vinculado a investigaciones de la NASA—, la joven salteña se prepara para una misión espacial que podría concretarse en 2027.
Su historia empezó lejos de los laboratorios y de los simuladores. En las noches despejadas de Cafayate, Noel miraba el cielo y se preguntaba qué había más allá. Ese gesto infantil, casi un ritual, terminó marcando su vocación. Hoy es ingeniera biomédica, formada en la Universidad Favaloro, y orientó su carrera a la bioastronáutica, la disciplina que estudia cómo responde el cuerpo humano en condiciones extremas como la microgravedad o la falta de oxígeno.
Su rutina actual no tiene nada de rutinaria. Noel entrena con vuelos en gravedad cero, simulaciones de hipoxia, manejo de trajes presurizados, buceo, pilotaje y paracaidismo. Todo para construir el perfil fisiológico y técnico que exige una futura misión espacial, en un contexto donde Argentina —gracias a acuerdos entre la CONAE, la Secretaría de Innovación y Axiom Space— podría enviar a su primera representante al espacio.
Una ciencia que nace en casa
Noel habla de ciencia con una naturalidad que revela algo simple: la ciencia fue, primero, parte de su familia. Su papá, ingeniero químico, fue quien abrió esa puerta con visitas a su trabajo y explicaciones caseras. Su hermana fue la cómplice de juegos y experimentos, y su mamá, el sostén constante.
A la hora de elegir un camino profesional, dudó entre física y medicina. La ingeniería biomédica apareció como esa mezcla perfecta entre tecnología y salud. Y ahí encontró su rumbo definitivo.
Abrir camino en un mundo donde faltan mujeres
Aunque no vivió experiencias directas de discriminación, sí notó algo evidente: la falta de otras mujeres. “En mi máster en ingeniería aeroespacial soy la única”, contó. Lo mismo en reuniones con empresarios o autoridades. Más que barreras, detectó ausencias. Por eso, uno de sus objetivos es visibilizar esa brecha y convertirse en referente para las chicas que quieren dedicarse al espacio.
La ciencia como juego y descubrimiento
Además del entrenamiento espacial, Noel también se dedica a divulgar. Publicó el libro “Haciendo ciencia en familia”, una guía de experimentos simples y cotidianos que nació casi por casualidad. Mientras pensaba en un campamento para chicos en el Kennedy Space Center, empezó a grabar videos para redes sociales. El entusiasmo fue tal que, en un día, armó el borrador del libro.
La propuesta es simple: mostrar que la ciencia está en casa, al alcance de cualquier familia. Experimentos con globos, agua, vinagre o maicena —como el famoso fluido no newtoniano que puede comportarse como sólido o líquido— despertaron sorpresa y sonrisas tanto en Estados Unidos como en Argentina.
Mientras entrena para el espacio y acerca la ciencia a nuevos públicos, Noel mantiene una idea en el centro: “Quiero representar a mi país en el espacio”. Y si algo demostró hasta ahora, es que su camino no tiene techo.
Un sueño en construcción que quiere abrir camino
Para Noel, la divulgación no es un extra: es parte del mismo sueño. “Los chicos son quienes mejor muestran hacia dónde puede ir la ciencia”, suele decir. Por eso escribió su libro: para despertar curiosidad, dar herramientas simples y mostrar que la ciencia también puede suceder en una cocina, con maicena, agua o un globo. Quizás —piensa— una nena que hoy hace slime mañana elija ser ingeniera, médica, física… o astronauta.
Sobre que la llamen “astronauta”, prefiere mantener los pies en la tierra: lo vive como un sueño que se está construyendo, pero también como una enorme responsabilidad. Representar al país, ser embajadora de la ciencia y mostrar que la ciencia puede unir incluso cuando todo lo demás divide.
En su lista de referentes aparecen nombres internacionales como Sian Proctor o Katya Echazarreta, pioneras que abrieron camino para nuevas generaciones. En Argentina, reconoce que falta recorrido, pero también nota una creciente apertura: muchos chicos le escriben contándole que descubrieron vocaciones nuevas gracias a sus charlas o experimentos. Ese ida y vuelta, dice, le da esperanza.
Y si una nena se le acercara para decirle “quiero ser astronauta como vos”, Noel no dudaría: le diría que sí, que es posible, que ella está abriendo un sendero no solo para sí misma, sino para todas las que vengan después. El viaje es largo, exige estudio y entrenamiento, pero hoy —por primera vez— ese horizonte es real.
Su próximo gran objetivo es convertirse en referente local, ayudar a impulsar la industria espacial argentina y demostrar que desde lugares como Salta también se sueña con el espacio… y se llega. Quiere que más chicos y chicas se animen a mirar el cielo y pensar: “yo también puedo estar ahí”.
Mientras tanto, Noel sigue entrenando, sigue escribiendo y sigue jugando a la ciencia. Porque, al final, para ella todo se trata de no perder nunca lo más importante: la curiosidad.

