Guillermo Martínez: «Lo más misterioso de la literatura es por qué algunas ideas gritan más fuerte que otras»

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El escritor y matemático bahiense dialogó con El Litoral sobre la reedición de su cuento Un gato muerto, ahora convertido en libro objeto con ilustraciones de Santiago Caruso. A lo largo de su carrera, Martínez ha dictado clases y conferencias en instituciones como el Malba, la Fundación TEM, la Universidad de Virginia y la Maestría en Escritura Creativa de la Untref. Ha sido galardonado con premios como el del Fondo Nacional de las Artes, el Planeta (2003), el Konex de Novela (2004-2007), el Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez y el Nadal de Novela, entre otros.

La editorial Minotauro, especializada en literatura fantástica, terror y ciencia ficción, publicó a fines de 2024 una edición especial de Un gato muerto, cuento originalmente incluido en Una felicidad repulsiva. Sobre esta nueva versión, el autor compartió detalles del proceso de creación y sus inquietudes literarias.

El origen de una historia

Martínez comienza explicando su forma de abordar la escritura: «Siempre lo más misterioso de la literatura es por qué algunas ideas aparecen y, sobre todo, por qué algunas gritan más fuerte que otras. Tengo muchas ideas anotadas, pero solo escribo las que reclaman con insistencia».

El disparador de Un gato muerto fue un concepto ligado al género policial: alguien que se apropia de un crimen que no cometió. Sin embargo, al desarrollar la historia, descartó la idea de un asesinato humano: «Eso requeriría un beneficio inmenso y plantearía conflictos morales que alejarían al protagonista del tipo de personaje que me interesa. Preferí explorar una situación distinta: un científico que ve en la desaparición de un gato la oportunidad de conquistar a una mujer».

El cuento, según el autor, crece progresivamente en intensidad: «No quería escribir una novela policial, sino que, como en muchos de mis cuentos, una situación aparentemente menor fuera escalando. La magia de la literatura permite que hechos triviales revelen los rincones más oscuros de la naturaleza humana».

El sacrificio y la memoria

A la hora de elegir la «víctima» de su historia, Martínez consideró que un perro resultaría demasiado cruento. Entonces recordó un cuento de Samanta Schweblin, Matar a un perro, y optó por un gato: «Me pareció que cualquiera podría intentar deshacerse de un gatito que llora sin parar. Son animales expuestos a la crueldad humana».

La presencia del Gato de Schrödinger en la historia lo llevó a otro elemento clave: el aljibe en el centro de la casa. «Es un pasadizo hacia los recuerdos de infancia del protagonista, donde revive un trauma vinculado a la desaparición de otro gato en manos de su madre. Todo esto se conecta con su pasado sonámbulo y el patio de su niñez, un espacio que encierra los peligros de la vida en el campo».

El horror, la locura y los sentidos

Martínez ha explorado en varias ocasiones la relación entre locura y horror. Autores como Edgar Allan Poe y Patricia Highsmith lo han influenciado en este aspecto, al igual que la atmósfera de El silenciero de Antonio Di Benedetto. «En mi novela La mujer del maestro, el protagonista espera que le abran una puerta y, en la quietud, comienza a percibir ruidos cada vez más intensos. Algo similar ocurre en Un gato muerto: el llanto del animal perturba al personaje hasta llevarlo a un estado obsesivo».

Según el escritor, ciertos estímulos pueden desatar reacciones extremas: «Vivimos en una sociedad donde la gente se mata por el volumen de la música. Son pequeños detalles que, en determinadas circunstancias, pueden conducir a la locura».

El arte de narrar

Para Martínez, la economía narrativa es fundamental: «Siempre me sentí un cuentista, incluso en mis novelas. En mis textos no hay más de lo que requiere la historia». Aunque valora el uso de digresiones en la literatura, cree que estas deben estar justificadas dentro del relato: «En una de mis novelas, el protagonista viaja a una conferencia. Aunque parece un desvio, los temas que aborda en su charla están ligados a la trama principal».

Su método de trabajo ha cambiado con los años. «Antes corregía hasta quince versiones de cada novela. Ahora, cuando termino un primer borrador, siento que ya se parece bastante a la versión final». También ha incorporado la técnica de escaleta usada en guionismo: «Planifico las primeras piezas y tengo una idea de final, aunque muchas veces este cambia sobre la marcha. La escritura es como el ajedrez: las negras también juegan».

Un cuento ilustrado

La reedición de Un gato muerto incluye ilustraciones de Santiago Caruso, artista de la corriente simbolista. Para Martínez, esta versión representa un deseo cumplido: «Siempre quise tener un libro ilustrado. Me impactó la edición de La condesa sangrienta de Pizarnik y La respiración cavernaria de Schweblin. Las ilustraciones le dan una nueva dimensión al cuento, lo hacen destacar con mayor intensidad».

Al cierre de la conversación, el escritor reflexiona sobre el impacto del formato: «Es como el cine. Un buen soporte realza la historia».