Si hay una imagen que sintetiza a Caleta Olivia, su identidad petrolera y su historia colectiva, es el Gorosito. El Monumento al Obrero Petrolero —su nombre formal— es mucho más que una escultura: es el punto de encuentro, protesta, festejo y memoria que acompaña a la ciudad desde 1969.
Inaugurado el 13 de diciembre de 1969, el Gorosito nació en un pueblo que por entonces tenía construcciones que no superaban los cuatro metros de altura. Con sus 13 metros, la figura creada por el escultor Pablo Daniel Sánchez y el topógrafo José Cifuentes se convirtió de inmediato en el hito visual de la ciudad. Desde entonces, observa desde el cruce de seis avenidas cómo Caleta creció, cambió y se expandió alrededor suyo.








Un homenaje al petróleo y a quienes lo hicieron posible
El monumento fue pensado como un tributo al trabajador petrolero y, al mismo tiempo, como un símbolo nacional del petróleo argentino. La figura masculina, con el torso desnudo y el cuerpo inclinado en esfuerzo, aparece manipulando la válvula de un pozo de producción: el gesto que pone en marcha la energía que impulsa al país.
Su mirada hacia el norte no es casual: representa el aporte mineral, económico y humano que la Patagonia le entrega al resto de Argentina.
En la base del monumento descansan placas dedicadas a pioneros del petróleo como Fuchs y Beghin, a los caídos en cumplimiento del deber, a instituciones, colectividades y vecinales que hicieron posible la obra. Todo está pensado para poner en valor la historia colectiva detrás de la actividad petrolera en la región.
Escenario de miles de historias
Con los años, la plazoleta que rodea al Gorosito se convirtió en el centro emocional de Caleta Olivia. Allí confluyen manifestaciones, reclamos, celebraciones, vigilias, festejos deportivos, conmemoraciones y encuentros comunitarios. Es el escenario que acompaña cada momento clave de la vida social caletense y el cuarto protagonista silencioso de cualquier movilización.
La anécdota que aún hace reír
El Gorosito no solo tiene historia: también tiene humor. La leyenda local cuenta que, en la inauguración oficial, las autoridades solo pudieron presentar… los pantalones del monumento. Dos días después, ante unas 600 personas expectantes, un operario logró encastrar el torso en la estructura inferior usando una grúa. Ese momento quedó grabado como una postal tan insólita como querida.
¿Y por qué “Gorosito”?
El apodo tiene varias versiones:
- Una señala a un comediante de radio de Buenos Aires que, al ver la obra en construcción, dijo que sería imponente “como nunca visto en la zona”, a lo que alguien respondió: “Ah, te agrandaste, Gorosito”.
- Otra referencia habla de una publicidad de zapatillas de aquella época llamada justamente Gorosito, que se habría convertido en chiste interno entre los obreros.
Sea cual sea el origen real, lo cierto es que el nombre quedó para siempre y hoy es parte inseparable de la identidad caletense.
Un símbolo que trasciende generaciones
Más que un monumento, el Gorosito es un recordatorio vivo de cómo la actividad petrolera marcó —y aún marca— la economía, la cultura y el espíritu de toda la Patagonia. Un trabajador mirando al norte, con guantes, botas y torso desnudo, representando el esfuerzo, la responsabilidad y la energía que esta región le entrega al país.

