Alerta por los pingüinos de penacho amarillo: una especie vulnerable en el extremo sur

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En el Día Mundial del Pingüino, un estudio internacional encendió la alarma sobre el estado del pingüino de penacho amarillo austral, una especie que habita las islas subantárticas de Argentina y Chile y que está considerada vulnerable. Reconocidos por el penacho amarillo en sus cabezas y su tamaño compacto —unos 50 cm de altura—, estos pingüinos migran cada año hacia aguas frías del océano Antártico, donde se alimentan y recargan energía antes de mudar sus plumas.

Investigadores de Argentina, Estados Unidos y Alemania, liderados por Andrea Raya Rey (CADIC-CONICET, Universidad Nacional de Tierra del Fuego y WCS Argentina), descubrieron que durante esta etapa crítica —conocida como “viaje pre-muda”—, los pingüinos no están adecuadamente protegidos por las Áreas Marinas Protegidas (AMP) existentes. El estudio fue publicado en la revista Progress in Oceanography.

“El pingüino de penacho amarillo austral es una especie centinela, nos ayuda a entender la salud del ecosistema marino del Atlántico Sur”, explicó Raya Rey. A través del seguimiento de sus movimientos y hábitos de alimentación, el equipo busca generar datos clave para su conservación.

Un viaje esencial y riesgoso

Los investigadores colocaron geolocalizadores en 25 ejemplares que partieron desde Isla de los Estados. Descubrieron que, entre febrero y marzo, antes de mudar sus plumas, los pingüinos realizan un extenso recorrido hacia la Zona Frontal Polar Antártica, un área rica en alimento. Allí capturan peces, calamares y crustáceos para acumular energía y resistir los 20 días de muda, en los que no se alimentan ni entran al agua.

Según el estudio, más del 60% de las ubicaciones registradas durante esta etapa se concentraron en esa zona, lo que deja en evidencia que muchas de sus rutas migratorias críticas no están dentro de las áreas protegidas.

“En 2016, murieron ejemplares en la costa argentina porque no lograron alimentarse antes de la muda”, recordó Melina Barrionuevo, investigadora del CONICET en Bariloche. Aunque no participó en el estudio, destacó su importancia para tomar mejores decisiones sobre el diseño y manejo de las AMP.

Un ciclo de vida estrechamente ligado al mar

Esta especie vive principalmente en islas como Isla de los Estados, Isla Pingüino (Santa Cruz), Islas Malvinas y el archipiélago de Diego Ramírez (Chile). Entre octubre y enero ocurre la cría, cuando las parejas comparten el cuidado de los huevos y crían a los polluelos. Luego llega la migración pre-muda, la muda y finalmente la dispersión oceánica entre abril y septiembre.

Cada fase depende de condiciones marinas óptimas. Por eso, los autores del estudio proponen ampliar las AMP y realizar investigaciones más prolongadas que incluyan un mayor número de ejemplares, para diseñar estrategias de conservación efectivas.

“Conocer sus recorridos, qué comen y dónde se alimentan nos permite actuar antes de que sea tarde”, concluyó Raya Rey.