29 de octubre de 1945 Sartre y el arranque del existencialismo moderno

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Por VISTE | Efemérides

En un París que todavía intentaba reconstruirse tras la Segunda Guerra Mundial, Jean-Paul Sartre subió al escenario del Club Maintenant para dar una conferencia que cambiaría el rumbo de la filosofía contemporánea. Bajo el título “El existencialismo es un humanismo”, aquel encuentro del 29 de octubre de 1945 fue mucho más que una charla: se transformó en el manifiesto fundacional de una nueva forma de pensar la libertad humana.

El contexto: la Francia que buscaba sentido

Europa salía de las ruinas del conflicto mundial. Las viejas certezas —la razón, la moral, la religión— parecían desmoronadas. En ese escenario, Sartre propuso una idea radical: el ser humano no tiene una esencia predefinida, sino que construye su identidad a través de sus actos.
“El hombre no es otra cosa que lo que hace de sí mismo”, afirmó ante un auditorio colmado. Aquella frase condensaba la angustia y la esperanza de una generación que debía reinventarse desde cero.

La existencia antes que la esencia

En su ponencia, Sartre desarrolló uno de los principios centrales del existencialismo: “la existencia precede a la esencia”.
Esto significa que el ser humano primero existe —aparece en el mundo— y luego, a través de sus decisiones, define quién es. No hay un destino escrito ni una naturaleza que determine nuestra conducta. Somos libres… y por eso también responsables.

Cada elección individual, sostenía, implica un compromiso con toda la humanidad. “Al elegirme a mí, elijo al hombre”, dijo. La libertad, entonces, no es solo personal: es una forma de construir colectivamente el sentido del mundo.

Un humanismo sin dogmas

Lejos de un optimismo ingenuo, Sartre propuso un humanismo sin dioses ni esencias, donde el ser humano se vuelve responsable de dar valor y significado a su vida.
En una Francia que acababa de vivir la colaboración, la resistencia y la devastación, su mensaje fue un llamado a asumir la libertad como tarea ética.

La huella que dejó

Publicada un año después, en 1946, la conferencia se convirtió en libro y en fenómeno editorial. Las ideas de Sartre influirían no solo en la filosofía, sino también en la literatura, la política, la psicología y el arte.
El existencialismo inspiró a escritores, cineastas y pensadores de todo el siglo XX: desde Albert Camus hasta Simone de Beauvoir, quien desarrolló, a partir de esta mirada, una profunda reflexión sobre la libertad femenina en El segundo sexo.

Décadas más tarde, el propio Sartre admitiría que aquella conferencia simplificaba en exceso sus ideas, pero el impacto ya estaba hecho: había acercado la filosofía a la calle, y había puesto en palabras algo que todavía resuena: que cada persona, incluso en medio del absurdo, puede elegir qué hacer con su vida.