El ex Pink Floyd reaccionó con dureza a unas declaraciones del líder de Metallica en Las Vegas. Detrás del cruce aparece una discusión más amplia: si los músicos deben usar el escenario para posicionarse políticamente o mantener los conciertos como espacios de evasión.
Roger Waters volvió a quedar en el centro de una polémica, esta vez después de responder con dureza a James Hetfield, líder de Metallica, por unas declaraciones realizadas durante un concierto en Las Vegas.
El 10 de octubre, durante una fecha de la residencia de Metallica en el Sphere, Hetfield dejó clara su postura sobre la presencia de mensajes políticos en los shows.
“Metallica no está acá, como otros artistas, para influirlos con sus tonterías”, dijo ante el público. Y agregó: “Estamos acá para olvidarnos de todo lo que pasa afuera. La agenda de Metallica es amor, energía y heavy metal”.
La frase reabrió una discusión que viene creciendo en la música internacional durante los últimos meses: hasta dónde un artista debe aprovechar su escenario para expresar posiciones políticas o sociales.
El contexto: el caso Macklemore y Palestina
Aunque Hetfield no mencionó a ningún músico en particular, sus declaraciones llegaron pocas semanas después de una controversia que involucró a Macklemore y Ed Sheeran.
Macklemore fue retirado de las fechas restantes de la gira estadounidense de Sheeran después de realizar declaraciones a favor de Palestina durante un show en el MetLife Stadium de Nueva Jersey.
El promotor de la gira informó que distintos propietarios de estadios se negaban a permitir la actuación del rapero después de sus intervenciones políticas sobre Gaza y Cisjordania.
El episodio generó un fuerte debate dentro de la industria musical sobre libertad de expresión, activismo y el uso de los grandes conciertos como plataformas políticas.
Es en ese contexto que las palabras de Hetfield fueron interpretadas como una crítica hacia quienes utilizan el escenario para impulsar causas políticas.
La respuesta de Roger Waters
Roger Waters, conocido desde hace décadas por utilizar tanto su música como sus conciertos para expresar posiciones políticas, reaccionó durante una participación en The Katie Halper Show.
El ex Pink Floyd no intentó moderar sus palabras.
“¿Podemos dejar de hablar de este imbécil?”, lanzó, antes de calificar a Hetfield como “un completo idiota” y cuestionar también sus capacidades musicales.
Waters sostuvo además que la postura de Hetfield resulta contradictoria con parte de la propia obra de Metallica.
¿Metallica realmente es una banda apolítica?
Ahí aparece uno de los puntos más interesantes de la discusión.
Hetfield ha sostenido durante años que prefiere no hablar de política públicamente porque considera que puede dividir a la audiencia.
En 2017 explicó que su intención era conectar a las personas a través de la música y no mediante posiciones políticas o religiosas.
Sin embargo, muchas canciones de Metallica abordan asuntos directamente vinculados con la guerra, la corrupción, la censura, la injusticia y el abuso de poder.
El álbum …And Justice for All, por ejemplo, fue construido alrededor de temas como los sistemas de poder, la desigualdad y la injusticia. La propia web oficial de Metallica describe aquel disco como una obra atravesada por un “sistema roto” y una actitud de desafío y cambio.
“Disposable Heroes” aborda el costo humano de la guerra, mientras que canciones como “One”, “Blackened” o “The Shortest Straw” también exploran conflictos sociales y políticos.
La diferencia parece estar entonces no tanto en si Metallica habla o no de política, sino en la decisión de Hetfield de no convertir sus conciertos en discursos explícitos sobre coyunturas políticas actuales.
Un antecedente que volvió a aparecer
Las críticas a Hetfield también recuperaron unas declaraciones de comienzos de los 2000, cuando se conoció que música de Metallica había sido utilizada por fuerzas estadounidenses durante interrogatorios de prisioneros en Irak y Guantánamo.
En una entrevista con Fresh Air, Hetfield reconoció que la banda no tenía control sobre ese uso y respondió con ironía, señalando que su música había “castigado” durante años a padres y parejas y preguntándose por qué debía ser diferente con los iraquíes.
También dijo que, si determinados prisioneros no estaban acostumbrados a la “libertad”, se alegraba de formar parte de esa exposición.
Esas declaraciones volvieron a circular ahora como parte del cuestionamiento hacia su posición actual.
Dos maneras opuestas de entender el escenario
El enfrentamiento entre Waters y Hetfield expone, en definitiva, dos concepciones muy diferentes sobre el lugar que ocupa un músico frente a su público.
Para Hetfield, un concierto puede funcionar como un espacio donde dejar afuera durante unas horas los conflictos políticos y sociales.
Para Waters, en cambio, tener una audiencia masiva implica también una responsabilidad para intervenir públicamente en esos temas.
La discusión no es nueva.
Desde Bob Dylan y Joan Baez hasta The Clash, Rage Against the Machine, U2 o el propio Pink Floyd, la historia del rock está atravesada por artistas que utilizaron sus canciones y sus escenarios para hablar de política, guerra, derechos civiles o conflictos sociales.
Al mismo tiempo, otros músicos han defendido durante décadas exactamente la posición contraria: que un recital debe ser un espacio común donde personas con ideas diferentes puedan encontrarse únicamente alrededor de la música.
Hetfield parece ubicarse en ese segundo grupo.
Waters, claramente, en el primero.
Por ahora, James Hetfield no respondió públicamente a los ataques de Waters y Metallica continúa con su residencia en el Sphere de Las Vegas.
Más allá de los insultos, el cruce volvió a poner sobre la mesa una discusión difícil de resolver: ¿un artista con millones de seguidores tiene la responsabilidad de utilizar esa influencia para hablar sobre lo que ocurre fuera del escenario, o justamente su función puede ser ofrecer un lugar donde olvidarlo por unas horas?
Fuentes consultadas
NME, Reuters, Rolling Stone en Español, Guitar World, Metal Hammer, Metallica, Fresh Air/NPR, The Guardian y medios especializados en música.

