El gobierno de Javier Milei sufrió una derrota fuerte en la provincia de Buenos Aires, el distrito más poblado del país y un termómetro clave de la política argentina. El resultado dejó expuesto algo que muchos ya venían sintiendo en el día a día: la crisis económica, los precios que no paran de subir y la dificultad para llegar a fin de mes pesaron más que cualquier discurso.
Lejos de leer el mensaje de las urnas como un llamado de atención, desde la Casa Rosada insistieron en que el plan económico sigue igual. El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, explicó que se perdió “por errores tácticos” y casos de corrupción, pero que el ajuste no cambia. Incluso, algunos funcionarios sugirieron acelerar el rumbo en lugar de frenarlo. Mientras tanto, los mercados reaccionaron con nerviosismo: bancos como Morgan Stanley dejaron de recomendar comprar bonos argentinos y advirtieron que la situación puede complicarse más si no hay cambios.
El lunes hubo reuniones de gabinete en Casa Rosada y Milei anunció la creación de varias “mesas políticas” para mostrar orden. Sin embargo, las internas son cada vez más visibles: sectores del oficialismo discuten si Caputo debe seguir en Economía y si Federico Sturzenegger tendría que ganar más poder en el gobierno. Además, hay presión para que Milei retome el diálogo con los gobernadores, algo que había quedado roto por los recortes de fondos y las tensiones políticas. La incógnita es si el Presidente podrá sostener el ajuste y, al mismo tiempo, tejer alianzas de cara a las elecciones de octubre.
En lo concreto, los próximos días traerán más incertidumbre: se esperan aumentos en productos básicos, dudas sobre el dólar y una sensación de que el gobierno sigue en piloto automático pese al voto en contra de gran parte de la sociedad. Para los jóvenes y quienes no siguen la política de cerca, lo que importa es esto: las elecciones del domingo mostraron que el humor social cambió, que la economía golpea de lleno en la vida cotidiana y que el futuro inmediato estará marcado por más tensión entre lo que pide la gente y lo que el gobierno está dispuesto a hacer.

