Albert Einstein es reconocido como el científico más importante del siglo XX, gracias a sus enormes aportes y descubrimientos, entre ellos la Teoría de la Relatividad. Sin embargo, no todos saben que en 1925 visitó Argentina y dejó sorprendentes declaraciones sobre el país.
Cómo llegó Einstein a Argentina
Su contacto con Argentina comenzó tres años antes, cuando la Universidad de Buenos Aires (UBA) le extendió una invitación para dictar un ciclo de conferencias sobre su entonces novedosa y controvertida teoría de la relatividad general. La iniciativa fue impulsada por Jorge Duclout, un físico e ingeniero de origen francés radicado en Buenos Aires, quien había estudiado en el Politécnico de Zúrich, al igual que Einstein.
El científico alemán llegó a la Argentina en la madrugada del 25 de marzo de 1925 a bordo del transatlántico Capitán Polonio, que unía Hamburgo con Buenos Aires. Su presencia generó una verdadera revolución en los círculos científicos y en la opinión pública.
Las sorprendentes declaraciones de Einstein sobre Argentina
Durante su estadía, Einstein recorrió Buenos Aires, La Plata y Córdoba, brindó conferencias en la UBA y mantuvo encuentros con pensadores y científicos. Su percepción del país quedó registrada en diferentes archivos históricos. Según el sitio web del Programa Interuniversitario de Historia Política, el físico describió a la Argentina de manera contundente:
«Ciudad cómoda, pero aburrida. Gente cariñosa, ojos de gacela, con gracia, pero estereotipados. Lujo, superficialidad.»
Además, opinó sobre el sistema educativo:
«Los programas de los estudios secundarios y superiores que he examinado me demuestran que este país no necesita aprender mucho de los centros culturales de Europa. En medicina, creo no equivocarme, ha llegado a su punto más alto. Pero en lo que concierne a las matemáticas en general, debo aclarar que el gobierno argentino debería intensificar más aún los estudios de la técnica, pues no es justo que un país tan progresista como la Argentina tenga que acudir al extranjero para contratar tal o cual profesor.»





Einstein en Llavallol: un descanso inesperado
Tras unos días en la Capital, Einstein se trasladó a una chacra en Llavallol, al sur del Gran Buenos Aires, en busca de tranquilidad. Llegó entre el 5 y el 8 de abril de 1925 a una propiedad ubicada en la actual intersección de las calles Moldes y Néstor de la Peña, donde hoy se encuentra el Colegio La Milagrosa.
En la agitada Buenos Aires, Einstein era tratado como una celebridad, con constantes entrevistas y homenajes. En Llavallol, en cambio, encontró el anonimato y la paz para pensar y tocar el violín, su gran pasión. Según sus diarios, allí encontró «buen clima y un descanso maravilloso».
El dueño de la quinta era Bruno Wasserman, un empresario del rubro papelero que ofició de anfitrión en su casona de descanso en Lomas de Zamora. Se dice que Einstein solía pasear por los jardines tocando el violín y que frecuentaba el tambo de la familia Wasserman al amanecer. Además, se dedicó a reflexionar sobre la conexión entre la gravitación y el electromagnetismo, en su incansable búsqueda de una «teoría del todo».
A pesar de que pocas imágenes de su paso por Llavallol han sobrevivido, la historia sigue viva en la memoria colectiva del barrio. Incluso, un grupo de rock under tomó el nombre «Einstein en Llavallol», como homenaje a aquel momento en que el físico más célebre del mundo encontró refugio en el conurbano bonaerense.
Así como Adrogué tiene a Borges y Banfield a Cortázar, Llavallol tiene a Einstein.

