En junio, ¿las empresas se ponen las plumas o se sacan la careta?

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¿Aliadas o convenientes? El debate detrás del marketing del orgullo

Cada año, con la llegada de junio, muchas marcas globales sacan sus logos en arco iris, lanzan productos “inclusivos” y hablan de diversidad. Pero este 2025 la tendencia parece haber cambiado. En lugar de sumar, varias empresas decidieron dar marcha atrás con políticas inclusivas o evitar cualquier señal pública de apoyo a la comunidad LGBTI+. ¿Qué está pasando? ¿Y por qué importa tanto?

En un escenario político global cada vez más conservador —desde el retorno de Trump en EE.UU. hasta el discurso anti “ideología de género” de Milei en Argentina— muchas compañías optaron por un perfil bajo. O directamente por retirarse. Ya no se trata solo de evitar el logo multicolor: muchas desmantelaron sus áreas de diversidad, dejaron de contratar perfiles diversos o abandonaron políticas internas DEI&B (Diversidad, Equidad, Inclusión y Pertenencia).

Rainbow washing: cuando el marketing reemplaza al compromiso

El fenómeno no es nuevo. Se lo conoce como rainbow washing: cuando una empresa se muestra como aliada del colectivo durante el Mes del Orgullo, pero puertas adentro no tiene ninguna política real que lo respalde. Peor aún, muchas financian campañas políticas o apoyan legislaciones que afectan directamente a las minorías que dicen defender.

Un caso ilustrativo es Apple. Este año no cambió su logo, pero publicó un post en Instagram celebrando artistas queer. Los comentarios no tardaron en llegar: “¿Dónde está la manzana arco iris?”. La falta de símbolos visibles generó más ruido que adhesión, pese a que la empresa asegura que mantiene sus políticas inclusivas.

Otro ejemplo es Walmart, que en 2020 prometió invertir 100 millones de dólares para combatir el racismo estructural en EE.UU. Sin embargo, en 2024 abandonó ese compromiso. ¿Oportunismo o miedo al backlash político?

La diversidad ya no cotiza (¿o sí?)

Hay algo más profundo que el branding. ¿Cuántas personas LGBT+ trabajan con vos? ¿Cuántas ocupan puestos jerárquicos? ¿Cuántas salen del clóset en su trabajo sin temor a represalias? La diversidad no se mide en logos, sino en oportunidades reales, políticas de contratación, capacitaciones, y entornos laborales seguros.

Las políticas DEI&B no son un decorado, ni una imposición: son estructuras que permiten crecer a equipos diversos, ampliar miradas y generar espacios más sanos. Y los números acompañan: las empresas que implementan estas políticas suelen tener mayor rentabilidad y productividad.

El recuerdo de Turing, la deuda con el futuro

Pensar en diversidad también es pensar en el talento que muchas veces se pierde por prejuicio o discriminación. El caso de Alan Turing es emblemático: héroe de guerra, pionero de la computación, pero condenado por ser gay. Fue perseguido y forzado a la castración química. Se suicidó en 1954. En 2013, la corona británica pidió disculpas. Tarde.

Hoy, en pleno 2025, todavía hay 64 países que criminalizan las relaciones entre personas del mismo sexo. Y según estudios, 7 de cada 10 personas LGBT+ no se visibilizan en sus entornos laborales por miedo.

Orgullo no es marketing

El Orgullo no es un evento para vender más. Es una lucha, una memoria colectiva, y también un espacio de futuro. Las marcas pueden participar, sí, pero desde un lugar auténtico, articulado con organizaciones y activismos reales, y con políticas internas coherentes.

No se trata de carrozas ni de hashtags. Se trata de personas que merecen trabajar, estudiar y vivir en libertad. Empresas, universidades, medios y gobiernos tienen la oportunidad de crear espacios con más justicia y más colores. No porque “vende”, sino porque transforma.