YPF decidió que vender combustible ya no alcanza. Ahora también quiere vender experiencia, gastronomía, farmacia y, si se puede, una sensación momentánea de estabilidad. Bajo la conducción de su presidente y CEO, Horacio Marín, la petrolera avanza con un rediseño integral de sus estaciones de servicio que apunta a segmentar clientes, optimizar ingresos y convertir cada parada rutera en una especie de shopping emocional.
El nuevo esquema divide a las estaciones en tres categorías bien claras: las premium, que pasarán a llamarse YPF Black; las tradicionales, que conservarán el nombre actual; y las low cost, que operarán bajo la marca Refiplus y estarán ubicadas en zonas alejadas y de menor demanda. En criollo: según dónde estés, YPF va a tratarte distinto.
En las estaciones premium dejará de venderse nafta súper y se reforzará una propuesta de valor que incluye gastronomía y marcas reconocidas. La compañía negocia sumar empanadas de Nuestras Costumbres Criollas, sándwiches de Valenti y, si todo sale como esperan, una alianza con McDonald’s para compartir espacios en paradas ruteras. La idea es simple: que el cliente llegue por la nafta y se quede por la hamburguesa.
Pero la ambición no termina ahí. Marín también deslizó la posibilidad de incorporar Farmacity dentro de las estaciones, porque nada dice “experiencia premium” como cargar combustible, comprar un analgésico y llevarte una promo de shampoo en un mismo ticket.
A partir de este verano, YPF además desplegará estaciones modulares en puntos de alta demanda, como la Costa Atlántica, que durante el invierno serían trasladadas a centros de esquí. Un modelo itinerante que confirma que la nafta también puede ser estacional.
Mientras redefine cómo se carga combustible, YPF anunció que invertirá US$6000 millones en 2026, un 20% más que este año, incluso en un contexto poco amigable: el precio del barril ronda los US$59 y los analistas proyectan un promedio de US$63 para el próximo año, muy lejos de los valores de 2024.
Para sostener ese nivel de inversión, la compañía apelará a la venta de activos: ya obtuvo US$600 millones por desprenderse del 50% de Profertil y otros US$500 millones por la transferencia del yacimiento Manantiales Behr. A eso podría sumarse la venta del 70% de Metrogas, una vez que el Enargas extienda la concesión.
“Queremos tener una reserva de millones de dólares por posibles problemas en el precio del petróleo”, explicó Marín, confirmando que el plan es gastar más ahora para no frenar después, una lógica que en Argentina siempre suena arriesgada pero necesaria.
La gran apuesta estratégica sigue siendo el proyecto de Gas Natural Licuado (GNL), que podría generar exportaciones por US$10.000 millones anuales a partir de 2030. YPF espera cerrar antes de fin de año el ingreso de XRG, el brazo energético de Adnoc, junto con la italiana ENI.
El financiamiento, estructurado por JP Morgan, alcanzaría más de US$12.000 millones, con la participación de cientos de bancos y fondos de inversión. Si el proyecto se amplía a un tercer barco y alcanza las 18 millones de toneladas anuales, el monto subiría a US$17.000 millones.
En el mientras tanto, YPF avanza con su transformación: menos estación de servicio clásica, más experiencia integral. Porque si la economía no da respiro, al menos que la parada en la ruta tenga combo grande.

