El próximo domingo 1° de marzo, el presidente Javier Milei inaugurará el período ordinario de sesiones del Congreso en un escenario político muy distinto al de hace un año. Será su tercera apertura, pero la primera con una hegemonía parlamentaria consolidada y una oposición fragmentada.
La escena formal será la habitual: cadena nacional, recinto completo, vicepresidenta Victoria Villarruel en la presidencia de la Asamblea Legislativa. Pero el contexto marca un punto de inflexión.
Un oficialismo sin mayoría propia, pero con control político
La Libertad Avanza cuenta con 95 diputados y 21 senadores propios. No es mayoría automática. Sin embargo, en los momentos decisivos logró articular un bloque ampliado con gobernadores provinciales, sectores del PRO y fragmentos de la UCR que acompañaron las reformas centrales.
El dato clave no es la cantidad de bancas, sino la pérdida del poder de veto del peronismo duro. La correlación política cambió: el oficialismo no domina por número, sino por capacidad de ordenar alianzas y fijar agenda.
En las sesiones extraordinarias logró aprobar el Presupuesto y avanza con la reforma laboral y el nuevo régimen penal juvenil. Medidas que durante años fueron políticamente inviables ahora encuentran mayoría suficiente.
El Congreso “más reformista”
Según anticipan desde Casa Rosada, el discurso del domingo incluirá un nuevo paquete de reformas estructurales. Milei habría solicitado a cada ministerio propuestas para profundizar el programa económico e institucional.
La narrativa será la misma que atraviesa su gestión: batalla cultural, destrucción creativa y reconfiguración del modelo productivo. El objetivo declarado es convertir este período en “el Congreso más reformista de la historia”.
No se trata solo de aprobar leyes. Se trata de consolidar un nuevo marco conceptual: apertura económica, reducción del Estado, revisión del sistema laboral y transformación del esquema industrial.
El caso Fate como síntoma
El cierre de la histórica empresa de neumáticos Fate, anunciado esta semana, funciona como un símbolo del modelo en marcha. Desde el Gobierno lo leen como parte de un proceso de reconversión inevitable. La lógica es schumpeteriana: sectores improductivos se achican mientras otros crecen.
La frase que Milei pronunció en 2024 ante industriales vuelve a cobrar sentido: algunos progresan, otros se adaptan y algunos quedan en el camino. No fue una metáfora. Fue una advertencia.
El interrogante es si esa transición económica tendrá tiempos sociales compatibles con la estabilidad política.
El peronismo en desbandada
Mientras el oficialismo consolida disciplina interna, el peronismo atraviesa un proceso de dispersión. En el Senado perdió cohesión y enfrenta rupturas internas. En Diputados, episodios de tensión y gestos de protesta no lograron frenar las reformas.
La fragmentación amenaza con convertir al peronismo en una federación de estructuras provinciales sin conducción nacional clara. Sin poder bloquear proyectos clave, el desafío opositor es reconstruir identidad y estrategia.
La incógnita es si la crisis es coyuntural o estructural.
El factor Villarruel
La vicepresidenta Victoria Villarruel será protagonista institucional del acto, en un vínculo que atraviesa tensiones soterradas dentro del oficialismo. Si bien la fórmula presidencial se mantiene formalmente alineada, el equilibrio interno es observado con atención por propios y ajenos.
Un momento de consolidación
El domingo no será solo una ceremonia de apertura legislativa. Será la puesta en escena de una etapa política distinta.
Milei llegará con reformas aprobadas, aliados alineados y una oposición debilitada. La pregunta no es si ejercerá poder, sino cuánto podrá sostener el ritmo reformista sin que los costos sociales erosionen su base de apoyo.
La hegemonía no se declama. Se ejerce.
Y el domingo, bajo las luces del Congreso, el oficialismo buscará mostrar que esa etapa ya comenzó.

