El 24 de octubre de 1999, la Argentina vivió una jornada electoral que marcó el cierre de un ciclo político y la apertura de otro lleno de expectativas. Fernando de la Rúa, candidato de la Alianza por el Trabajo, la Justicia y la Educación, se impuso con el 48% de los votos, dejando atrás al candidato peronista Eduardo Duhalde, quien obtuvo el 38%. Esta victoria significó el fin de una década y media de hegemonía peronista bajo la figura de Carlos Menem, un período caracterizado por profundas transformaciones económicas, pero también por un aumento de la desigualdad social.
El triunfo de De la Rúa, de origen radical, fue histórico no solo por la derrota del peronismo, sino también porque llevó al poder al primer gobierno de coalición en la historia argentina. La Alianza, integrada por la Unión Cívica Radical (UCR) y el Frente País Solidario (Frepaso), representaba la esperanza de un cambio político y social después de los controvertidos años menemistas, marcados por la privatización de empresas estatales, la dolarización de la economía y la corrupción a gran escala.
El Contexto Social e Histórico de la Victoria
A finales de los años 90, Argentina se encontraba en un punto crítico. El modelo económico de Menem había logrado controlar la inflación y estabilizar la moneda mediante la convertibilidad, que igualaba el peso argentino con el dólar estadounidense, pero a costa de un fuerte endeudamiento externo y el desmantelamiento de muchas industrias nacionales. Aunque algunos sectores de la sociedad experimentaron mejoras económicas, la pobreza y el desempleo crecieron, generando una creciente frustración en amplios sectores de la población.
En ese contexto, la Alianza surgió como una propuesta para frenar los efectos negativos del modelo neoliberal y poner un mayor énfasis en la justicia social, la transparencia y el fortalecimiento de las instituciones democráticas. La figura de De la Rúa, un político con una larga trayectoria en la UCR y conocido por su imagen austera y conservadora, atrajo a un electorado que deseaba estabilidad y un retorno a los valores tradicionales de la política.
Un Gobierno de Promesas Incumplidas
Sin embargo, el mandato de De la Rúa, que comenzó con gran expectativa, se vería rápidamente afectado por una economía en declive. La recesión global, sumada a los errores de gestión y las divisiones internas dentro de la Alianza, socavaron la capacidad del gobierno para implementar las reformas prometidas. La crisis económica se profundizó, el desempleo aumentó y las medidas de austeridad impuestas por el ministro de Economía, Domingo Cavallo, provocaron masivas protestas sociales.
Finalmente, el 20 de diciembre de 2001, De la Rúa se vio obligado a renunciar en medio de un estallido social sin precedentes. La crisis del «corralito», que restringió el acceso de los ciudadanos a sus ahorros bancarios, y la represión violenta que dejó decenas de muertos, marcaron uno de los momentos más oscuros de la historia reciente del país.

El Legado del 1999
El triunfo de De la Rúa en 1999 representó una esperanza para millones de argentinos que veían en la Alianza una salida al ciclo de corrupción y desigualdad que había caracterizado la última década. Sin embargo, la inestabilidad económica y la falta de consenso político hicieron que su gobierno terminara abruptamente, abriendo una etapa de inestabilidad que llevó a la sucesión de cinco presidentes en menos de dos semanas y al colapso de la convertibilidad.
Veinticinco años después, el triunfo de De la Rúa sigue siendo un recordatorio de la fragilidad de las coaliciones políticas en un país donde la gobernabilidad y la economía están intrínsecamente entrelazadas.